profundo carmesí


martes, 7 de abril de 2015

Jorge Alberto Barquero

Lo abrimos. lo cerramos. lo cocemos. y listo. ¿cuál es el problema? 
Una canción de UB40 calma el dolor. Ojalá que siga otra. camino entre ciudades. Esquivo las terminales como quién juega a las escondidas, todas se parecen, hasta el olor en los baños. La terminal de Rosario me regalo hermosas charlas con Jorge Barquero, hablábamos del amor, el con su pantalón azul de gimnasia, y su sonrisa, que placer hablar con él, tan desprejuiciado, tan libre de pensamiento. Una vez tuve que presentar una colección de poesía, y llegaba a Rosario, la creadora de "Ya no escucharás hablar de Islandia". La espere en la terminal, cruzamos en taxi la ciudad, estaba de negro, no la imagine tan flaca, casi al borde del hueso. Era imponente. Esa noche fuimos a comer pescado a la costanera. Luego nos fuimos a dormir. Los dos en la misma cama. Sin tocarse. A la mañana siguiente me insinuó porque insistía en mi pareja con la Colorada. 
Rosario sin barquero, y con su máquina de hacer Whisky en el museo de la policía, y su prosa plagiada por Ricardo Piglia en Plata Quemada. Una novela extraordinaria. Barquero es la joya del lugar. Logró que su madre pudiera verlo en el Suplemento de Cultura en vez en el de policiales. Mientras escribo escucho Scientist . 

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