profundo carmesí


miércoles, 8 de abril de 2015

La mirada de Ulises.

A veces cuando camino la ciudad sin mar, lo sigo viendo al Gordo José en la Cañada al frente de Che Pelú que sigue teniendo tres panchos a un peso, lo veo al cabezón Sotelo sentado con su porrón en La Alameda, a La mecha Casas dando vuelta por Estación 27 o Las Tipas, las partidas de ajedrez y los lomos del bar Royal. cada vez que camino abrazo los fantasmas de esta ciudad. hay algo que late. Algo que no desaparecerá nunca. La historia que nadie aún escribió.No uso WhatsApp. Somos los que elegimos ser. cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él. Ellos necesitan ser muchos para existir. 
Primero por mis dedos gordos que me hacen perder el encanto. Segundo por mi teléfono que tiene menos memoria que un radical. Y tercero porque puedo elegir no usarlo. Siempre la primer opción es pensar que uno es un boludo. Nunca hice juicios laborales de ningún tipo, considero que la justicia está para cosas más importantes. La lista de los plagiadores, de los ladrones de ideas y de proyectos es extensa. Cada cual con su conciencia. Esa es la justicia en la que creo. Debo ser un ingenuo. Salgo a la calle y bajan la vista. No olvido. Lo mío siempre fue abrir puertas. Que la disfruten. Eso sí, si quieren cerrarla, me van a encontrar.


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