profundo carmesí


sábado, 4 de abril de 2015

Llueve.






Todos los viajes que hice. Los veranos en el campo con la colorada. Ese río generoso. Ese patio lleno de tristeza. Esa casa incómoda. El culo suave. La película de Wenders. No vuelvas sin golpear la puerta. Esos cinco minutos de sexo valían el día. Me encantan los barcos. Sus detalles. Me la paso viendo historias marítimas. Soy parte de esa tripulación que conduce la fascinación. Disculpe la pregunta, pero usted qué edad tiene? El aviso decía menores de cuarenta. Reprimir el miedo con más miedo. La historia de este país. El miedo es la música de la democracia. Se puede crear una generación de egoístas. A lo mejor el secreto está en las tapas, uno sobre un edificio municipal, otro sobre un museo en ruinas, otro sobre un teatro en el que no cree, otro en una feria de ofertas, otro que sueña con ser porteño frente a un falso obelisco. El sentido. Y el club de los que festejan cuando a los otros le va mal. Los que gritan no tienen razón. Los que aburren merecen la pena de muerte si es que eso existe. La oligarquía contemporánea chorrea estupidez, ignorancia, solo los sostiene un manojo de dinero que parece que nunca se les acabará. Uno se da cuenta que tiene hígado cuando le duele. Vivir al lado de una calle que nunca duerme. El silencio dura treinta segundos, a veces menos, los grillos no lo soportan, las alarmas se vuelven insoportables. Mientras tanto las canciones suenan sin parar. No todos los días puedo escribir. Escribir en serio. De eso que no podés a volver a leer. Que quema los ojos. Es como ver la flema que vomitaste. Sólo queres que se vaya. Y después cuando vienen a decirte algo al respecto. Ignorarlo. Nada se puede hacer con el pasado más que admirarlo. Y mirar hacia adelante se vuelve un plan insoportable, lleno de minas antipersonales, de carcajadas de idiotas que se creen que saben cómo llegar a mañana. Nada tan serio como vivir.  A veces te la pasas imaginando que pasaría si lleno de clavos la calle, si el silencio llegaría, ocurrirían demasiados accidentes, no sería de gran solución, o pelear por esta calle que sea peatonal, y quizás después aturda el silencio de los que caminan despacio. Todo es una búsqueda inútil acerca de la comodidad que generar incomodidad. Cansado de no estar cansado como decía Oliverio Girondo, que tremendo verso, cuando lo escuche quede deslumbrado, ante semejante idea. 

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